Una vez más, la fiesta del rock en México
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| Tony, de El Gran Silencio; Rubén de
Café Tacuba, y Pato de Resorte conviviendo en backstage. |
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La consagración del Vive Latino como la máxima fiesta del rock en México -en lo que se refiere a convocatoria de bandas y de público- quedó de manifiesto el caluroso domingo 11 de mayo.
Ese día decenas de agrupaciones de varios países delinearon el panorama, incompleto pero aproximado, del estado actual del rock y otras músicas en territorio azteca: heterogéneo, pujante, estruendoso, espontáneo, aunque a veces también ingenuo, con propuestas pobres en recursos artísticos y/o técnicos y grupos acorralados por la tendencia a imitar los cánones extranjeros.
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| Randy, de Molotov, con su hijita
mexicana. |
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Pero, a fin de cuentas, no era un concurso sino una fiesta. En el elenco, a no ser por Café Tacuba, diríase que no existían los pesos completos (El Tri, Jaguares, Los Fabulosos Cadillacs, Cerati, Bunbury... ¿Moderatto?). En cambio, sí estaban los (aún) jovenazos estelares: Molotov, El Gran Silencio, Panteón Rococó, Resorte: algunos veteranos, como Aterciopelados, Los Enanos Verdes y Vicentico el Cadillac; además, un titipuchal de bandas reconocidas, como Jumbo, Babasónicos, Genitallica, Los de Abajo, Los Tetas, Guillotina, Los Estrambóticos, Plastilina Mosh, Lucybell y Kinky, y una oleada de nuevos nombres, todo lo cual bastó para atraer a más de 60 mil fans.
El impulso hormonal se dispara a ritmo de rock, no hay duda, y el
Vive Latino se afianzó como el acontecimiento obligatorio para realizar el ritual de la convivencia juvenil, sin importar demasiado el pedigrí de las bandas.
Lástima que al final de la jornada, cuando faltaban unas tres horas de música, ya no había agua potable ni comida para vender al público, doloroso pecado de los organizadores (aunque, por otra parte, se les reconoce el mérito de cumplir en todo lo demás, desde el respeto a los horarios de cada banda hasta el cuidado del orden).
Tras bambalinas, en la zona de backstage, también se desató la convivencia chida entre músicos, gente de la "industria", periodistas y otros colados. Por allí andaban los nuevos tórtolos del rock nacional, Ely Guerra y Gil Cerezo, vocalista de Kinky; Randy Ebright, el gringo de Molotov, y su hijita mexicana; el personal de Órbita FM, la estación líder del rock en español en el DF, así como los enviados especiales de More FM, de Tijuana, y los de D'99/ D'95, de Monterrey/Chihuahua.
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| Vicentico, de los Cadillacs. |
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La edición 4 del festival Vive Latino dejó entre 5 y 10 millones de pesos de utilidad a la empresa -según cálculos no oficiales-, buenos recuerdos para el público y datos espectaculares en el curriculum de varias agrupaciones novatas (Panda, Televisión Kamikaze, Pito Pérez, El Cártel de Santa, Susie 4).
¿Cuándo es el próximo?
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